La Crónica

La diáspora de San José de Gracia

San José de Gracia es un pueblo con un pie en Estados Unidos, y lo ha sido desde hace más de un siglo. Esto es lo documentado sobre el porqué, y lo que dicen sus propios números al respecto.

Un pueblo con un pie en Estados Unidos

Como casi todos los pueblos de Los Altos de Jalisco, San José de Gracia ha mandado a su gente al norte desde hace más de un siglo. La migración es antigua: comenzó con los nuevos ferrocarriles porfirianos a fines del siglo XIX, se profundizó con los trastornos de la Revolución y luego de la Guerra Cristera, y quedó afianzada con la era de los braceros (1942 a 1964), que tejió las redes duraderas entre Los Altos y el oeste de Estados Unidos de las que las familias todavía echan mano hoy.

Un impulso estructural, no un accidente

Las razones están en la forma misma de la economía local: un mundo disperso de ranchos lecheros y ganaderos, hogares numerosos y una larga tradición de pequeña empresa familiar, todo lo cual favorece la migración en cadena, donde la salida de una persona al norte abre el camino para que la sigan sus parientes. Jalisco es el segundo estado que más remesas recibe en México, y Los Altos está entre sus regiones más marcadas por la migración, San José de Gracia incluido. Una familia con tierra suficiente para que un hijo la herede y varios más deban buscar otro lugar es, en los hechos, una familia ya a medio camino de mandar a alguien al norte.

Dónde se asentó la gente del pueblo

Hacia 2018 la gran mayoría de los jaliscienses que vivían en Estados Unidos estaba en California, con comunidades menores en Colorado, Arizona y Texas, una huella que remite a las rutas de la era de los braceros hacia el oeste estadounidense ya descritas. Los cuida, en la devoción que muchas familias llevan consigo, Santo Toribio Romo, el sacerdote jalisciense canonizado en 2000 y venerado en todo el corredor migrante como patrono de quienes cruzan.

La economía detrás de la migración

El empuje siempre ha sido agrícola. El municipio de Tepatitlán, con San José de Gracia incluido, cultiva del orden de nueve mil hectáreas de agave, junto con el maíz, el frijol y el ganado que completan la economía local. Los buenos suelos y un clima de altura inusualmente húmedo han hecho de esta una tierra ranchera productiva, pero una economía ranchera construida sobre pequeñas propiedades y hogares numerosos nunca ha tenido lugar para todos sus hijos a la vez. Esa es la aritmética sencilla detrás de un siglo de salidas, mucho antes de que en San José de Gracia se hablara de la industria del tequila que hoy opera en sus tierras.

Sus señales en el pueblo

El censo de 2020 dejó su propia marca de la migración en San José de Gracia: el pueblo registró 2,926 mujeres frente a 2,515 hombres, una mayoría femenina lo bastante amplia como para leerse como señal de salida migratoria, el tipo de desequilibrio que muestra un pueblo cuando parte de sus hombres trabaja en otro lado. El propio cronista del pueblo, Taurino Arámbula Vázquez, le pone rostro a esto: por más de treinta años los feligreses que trabajaban en Estados Unidos enviaron donativos para el templo, y era Arámbula a quien se le confiaba recibirlos. Su propio relato sobre la economía local anota, además, que el campo ya mandaba a sus hijos sobrantes al norte desde antes de que llegara la industria moderna del tequila, cuando esta todavía era tierra de mezcal, maíz y frijol.

Lo que los números todavía no dicen

Ninguna fuente consultada para este artículo cifra cuánta gente de San José de Gracia específicamente vive en Estados Unidos, ni cuánto manda a casa cada año. Tampoco confirma ninguna fuente un club de oriundos, una asociación de paisanos como las que mantienen muchos pueblos de Jalisco para sus migrantes en el extranjero, con su propia fiesta y sus propias colectas para obras en el pueblo. Esas siguen siendo preguntas abiertas para un pueblo que, en casi todo lo demás, lleva una cuenta muy puntual de sí mismo.

Fuentes