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La Crónica

Calles antiguas y nombres perdidos de San José de Gracia

La calle Real ahora es la Hidalgo, ya nadie le dice callejón del Hueso a su callejón y un monumentito de ladrillo señala la casa de un fundador que desapareció. Este es el pueblo viejo como lo recorrió su cronista, calle por calle.

Dónde terminaba el pueblo antes de 1955

Antes de 1955, San José de Gracia era unas cuantas manzanas alrededor de la plaza, cerradas por cercas de piedra, corrales y potreros. Cuando Taurino Arámbula Vázquez corrigió su crónica en 1993, llevó a sus lectores hasta la orilla del pueblo que él conoció unos 37 años antes. [según Rincón Alteño, pp. 15-17]

La calle que sube rumbo al cerro por la Delegación de Hacienda terminaba en una cerca de piedra. Las calles de las ladrilleras llegaban hasta los tanques, y no había salida a Tepatitlán por Calabazas, eran puros corrales. Al oriente, una cerca de piedra cerraba la calle en la casa del difunto Don Pascual Barba, con una sola entrada a una casona vieja donde se guardaba el maíz del diezmo. [según Rincón Alteño, p. 16]

Todas las calles del barrio del Colorín que daban al poniente estaban tapadas con cercas de piedra. La calle de la Rana llegaba nomás hasta la casa de Don Pedro Gutiérrez, y más allá había corralones donde ponían el circo. La calle Real se acababa poco al oriente de la plaza, en una cerca que encerraba una siembra de maíz. La plazuela, terreno que los mayores donaron para una capilla a la Sagrada Familia, era puro terregal y después cancha de voleibol; hoy ahí está el edificio del DIF. [según Rincón Alteño, pp. 16-17]

Nombres que ya no están en el mapa

La calle Real es la Hidalgo de hoy. A la Allende se le conocía como la calle del correo nuevo, y la calle del molino es la 5 de Mayo. Los viejos le decían llano del hospital a la manzana donde vivía la familia de Francisco Valle, donde por un tiempo estuvo el campo de futbol. Desde el barrio del Colorín, la gente se pasaba de mano en mano el adobón y el ladrillo para levantar el templo. [según Rincón Alteño, pp. 16-17, 33, 40]

Un callejoncito muy angosto se llamaba el callejón del Hueso. El libro no dice de dónde salió el nombre, nomás que no llevaba a ninguna parte, salvo para los novios que buscaban dónde estar a solas. [según Rincón Alteño, p. 17]

Al final de la calle Real empezaba el viejo callejón que iba a San Antonio, Jaquetas y Arandas. Pasaba por detrás de la casa donde mataron al delegado municipal J. Trinidad Báez el 19 de septiembre de 1935 y seguía, lleno de piedras derrumbadas, hasta el viejo barrio de Tonalá, donde Pedro Álvarez tenía un molino de linaza. Cruzaba la actual carretera a San Ignacio y se juntaba con el callejón que baja al arroyo del Taray. [según Rincón Alteño, pp. 17, 34]

El Taray tiene su historia, y el cronista la cuenta solo como posibilidad. El fundador José Antonio hizo su casa cerca del arroyo, y un día un chiquillo se resbaló en las piedras y se descalabró. El patrón dijo «ah qué caray». Regañado por su mamá, el niño prometió portarse bien, porque el patrón había dicho «ah que taray». [según Rincón Alteño, p. 28]

El Pozo Chino es un nombre más reciente. En 1945 o 1946, el señor cura Juan Hernández, Don Alberto Martínez, Don Santos Valle y Don Ramón Ruiz hicieron el pozo con todo el pueblo, en aquellas tardes de domingo de faenas. [según Rincón Alteño, p. 40]

Mapa de San José de Gracia con los nombres antiguos sobre las calles de hoy
La calle Real es la Hidalgo, la del correo nuevo es la Allende y la del molino es la 5 de Mayo.Mapa: sanjosedegracia.net. Datos de calles © colaboradores de OpenStreetMap (ODbL).

Quién vivía y trabajaba en las calles viejas

A principios del siglo veinte había cuatro molinos de linaza: el de Don Antonio Hernández por la 5 de Mayo, el último en cerrar; el de Pedro Álvarez en Tonalá; el de Don Valente Hernández por la Pedro Moreno, y el de Don Cristóbal Hernández en la segunda cuadra de la calle Real. El aceite salía en mulas a México, Guadalajara y Colima. Había tenerías en la última cuadra de la calle Aldama. [según Rincón Alteño, pp. 34-35]

En pleno pueblo se sembraba trigo. Todavía en 1932 se sembraba en una manzana de la calle Real. [según Rincón Alteño, p. 17]

El maíz del diezmo tenía su bodega. En junio de 1956 estaba en la calle Allende, a media cuadra, atrás de la iglesia. El 30 de junio, Don Valeriano, papá del señor cura Juan Hernández, prendió un cigarro cuando iba a fumigar el maíz, y la bodega estalló. A él y a otros dos hombres los sacaron quemados. Don Valeriano murió en Guadalajara a principios de julio. [según Rincón Alteño, pp. 68-69]

Las cuatro casas de los fundadores

Según el cronista, cada uno de los cuatro hermanos Hernández Padilla tenía ya su casa hacia 1792 (su historia está en la página de la familia Hernández). En 1993 quedaban tres, con sus placas. La cuarta ya no existe. [según Rincón Alteño, pp. 12-13]

La casa de Francisco está al dar vuelta de Ramón Corona para tomar Nicolás Bravo, a la izquierda viniendo de la parroquia; al abrir Nicolás Bravo se le cortó un pedazo. Pasó a su hijo Próspero y de mano en mano hasta que la compraron las señoritas Aceves. Al morir la última, Josefina Aceves González, en 1990, su administrador y el párroco Albino García H. se la regalaron a la parroquia. Las llaves se entregaron el 17 de junio de 1993. [según Rincón Alteño, pp. 11-12, 26]

La casa de Antonio Rafael tiene en el marco de la puerta la leyenda JESUS MARIA Y JOSEPH 1792, con una cruz de hierro incrustada. Se le conocía porque por su frente pasaba antiguamente el camino al panteón, un poco después de la última casa de la calle de la Rana. [según Rincón Alteño, p. 27]

La casa de José Antonio estaba junto al arroyo del Taray, afuera del pueblo por la salida a San Ignacio; después se le conoció como la casona de Don Emilio Ferreira. [según Rincón Alteño, p. 28]

La casa de Salvador fue, en palabras del cronista, «la última en hacerse y la primera en acabarse». Hacia 1945 el cronista vio nomás sus cimientos. Un monumentito de ladrillo señala el lugar, junto al antiguo callejón del panteón que sale por el barrio de la Rana, y el cronista se quejaba de que lo habían agarrado a pedradas. [según Rincón Alteño, pp. 13, 29]

José Hernández González le contó al cronista que la gente distinguía a las ramas por apodo: los Hernández Pata, los Hernández Hediondos y los Hernández Gamiños. El cuarto apodo ya nadie lo recordó. [según Rincón Alteño, pp. 12-13]

La plaza: los árboles perdidos y un madero de 200 años

La plaza estaba rodeada de cedros y fresnos, con arriates redondos donde la gente se sentaba. Después de la Cristiada los cortaron, quizá, piensa el cronista, para ayudar a olvidar los momentos amargos ligados a ellos (ver La Guerra Cristera). [según Rincón Alteño, p. 40]

Don Regino Rubio empezó el kiosco, y el delegado municipal Alberto Martínez lo arregló y lo techó. El madero que está en el kiosco para conmemorar los 200 años del pueblo se trajo del rancho de La Soledad, donde vivió el patriarca Cristóbal Hernández Gamiño. [según Rincón Alteño, pp. 12, 38]

Vista aérea de la plaza, el kiosco y la parroquia al atardecer
La plaza y su kiosco hoy, con la parroquia detrás.Foto: sanjosedegracia.net

El panteón viejo y el nuevo

Hasta 1875 los difuntos de San José se enterraban en Tepatitlán. Ese febrero el padre capellán consiguió permiso para un campo santo en el terreno junto a su casa, a unos pasos de la de Francisco. El primer sepultado fue el 14 de febrero de 1875: Guillermo Becerra García, de seis años, de Las Hormigas. [según Rincón Alteño, p. 32]

En 1960 la nueva Junta de Mejoramiento Cívico, Moral y Material empezó por el panteón nuevo, en un terreno que regaló Don Pedro Gutiérrez. En 1970 la antigua entrada del viejo cementerio se acondicionó como osario. [según Rincón Alteño, p. 72]

Los barrios de hoy

En el centenario de la parroquia, en mayo de 2010, cada mañana el Sr. San José recorrió los barrios, y cada tarde ellos iban en peregrinación al templo: Panteón, La Plazuela, Veneritos, Pozo Chino, Estrella, Tepeyac, Ermita, Guadalupano, Arenal, Pueblito, Colorín y Potreritos. [según el programa de la fiesta de 2010, Patronato de San José de Gracia, archivado]

El Colorín y el Pozo Chino salen directo de la crónica, y el Panteón y La Plazuela llevan el nombre del cementerio y de la plazuela. La Rana y Tonalá no aparecen en la lista de 2010. Más sobre la fiesta en la Fiesta Patronal.

El plano catastral del pueblo, que hizo la Jefatura de Catastro de Tepatitlán en enero de 2019, muestra las colonias que crecieron después de la crónica: Los Altos y Pilarcitos sobre la carretera a Tepatitlán, Las Águilas y La Estrella al oriente, El Potrerito al poniente, y El Colorín al sur, con el fraccionamiento San José de Gracia a un lado. [según el plano catastral, 2019]

Cada colonia nueva le puso tema a sus calles. Las Águilas escogió aves: Gavilán, Cóndor, Halcón y Pavo. La Estrella miró al cielo: Saturno, Júpiter, Neptuno, Luna, Nebulosa y Cosmos. Los Altos les puso nombres de pueblos de la región, como Jalostotitlán, Atotonilco, Acatic y San Miguel el Alto. El Colorín y el fraccionamiento escogieron árboles: Nogal, Fresno, Laurel, Sauce, Pino, Cedro, Roble y Olivo.

El plano pone la colonia El Colorín sobre la Calzada La Paz, al sur del centro. La crónica nunca dice dónde estaba exactamente el antiguo barrio del Colorín. Solo cuenta que sus calles que daban al poniente terminaban en cercas de piedra y que desde ahí se pasaba el ladrillo de mano en mano para el templo. La colonia de hoy puede abarcar parte del barrio antiguo, o nomás llevar el nombre.

Plano catastral enmarcado de San José de Gracia con calles y colonias marcadas en azul y rojo
El plano catastral de 2019 nombra cada colonia y sus calles.Plano catastral, Jefatura de Catastro, Dirección de Finanzas Municipales de Tepatitlán (enero de 2019). Fotografiado en la oficina de ASTEPA en San José de Gracia, 2026.
Gráfica del crecimiento del área urbana de 1910 a 2010
El área urbana pasó de 7.4 hectáreas en 1910 a unas 313 en 2010.Fuente: Plan de Desarrollo de la Delegación de San José de Gracia, IMPLAN Tepatitlán (2021), p. 36.

Recórrelo tú mismo

Casi todo esto cabe en una mañana de caminata: la plaza y su kiosco, la Hidalgo (la vieja calle Real), la esquina de Ramón Corona y Nicolás Bravo, y luego el barrio de La Rana para ver el marco de 1792 y el monumento de Salvador. El cronista pedía a sus lectores visitar estos lugares aunque fuera una vez. [según Rincón Alteño, p. 13] Nuestro recorrido a pie cubre el centro, y los callejones viejos empiezan donde termina. Si tu familia recuerda otro nombre perdido, mándanoslo.

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